El amianto se prohibió en España en 2002 pero antes de esa fecha se usó en todo: en tejados, en tuberías de saneamiento, en planchas de revestimiento y en los falsos techos de los años 70 y 80. Los edificios anteriores a esa fecha tienen muchas posibilidades de tener amianto en algún punto, y el problema es que mientras no se toca no supone un riesgo. El momento peligroso es cuando alguien lo rompe sin saber lo que es. A una propietaria que asesoro le pasó esto hace año y medio.
El albañil que paró la obra
Iban a reformar el baño: nueva instalación de fontanería, alicatado completo y ganar altura tirando el falso techo de escayola para llegar al forjado. El albañil dio el primer golpe al falso techo con la maza. Paró. Miró los fragmentos que habían caído. Me llamó a mí antes de tocar nada más. Había reconocido la textura y el tipo de fibra de las planchas: fibrocemento con amianto. Llevaba años en obras y lo había visto antes. Tuvo el criterio de parar.
Lo que hay que hacer cuando aparece amianto en una obra
Lo primero: no tocar nada más, ventilar el espacio y salir. El amianto en estado sólido e intacto no es peligroso; el polvo que se genera al romperlo sí. Lo segundo: contratar a una empresa acreditada para la retirada de amianto —no cualquier empresa de demolición; tienen que tener autorización específica de la comunidad autónoma—. La retirada y gestión como residuo peligroso del falso techo del baño costó 1.400 euros y tardó dos días. Una vez retirado el amianto, la reforma continuó con normalidad. Si tu piso tiene falsos techos, tuberías o revestimientos de antes de 2002 y vas a reformar, pide que antes de empezar alguien evalúe si hay material que pueda contener amianto. Una inspección previa cuesta mucho menos que una retirada de emergencia.