El verano es, en teoría, un buen momento para reformar si la familia no está en casa. El problema es que los profesionales también tienen vacaciones en verano, los proveedores cierran por agosto y los plazos de entrega de materiales se duplican. Cuando una reforma empieza en junio con la expectativa de terminar en julio, hay que saber que agosto es un mes en el que, en muchas empresas del sector, el ritmo de trabajo baja sustancialmente.
Catorce semanas sin cocina en casa
La propietaria tenía dos hijos de ocho y diez años que pasaban el verano en casa. La empresa había presupuestado seis semanas de obra: demolición, fontanería, electricidad, solado, alicatado, mobiliario y acabados. Todo coordinado, todo en tiempo. La realidad fue diferente: el fontanero tuvo una avería urgente en otro cliente que le ocupó una semana, los azulejos elegidos estaban en un almacén de Castellón y tardaron tres semanas en llegar, la empresa de muebles cerró dos semanas por vacaciones y el responsable de la obra tomó diez días de vacaciones en agosto. Durante catorce semanas, la familia cocinó en un microondas y una placa eléctrica portátil instalados en el salón.
Por qué no hay que reformar la cocina en verano sin preverlo bien
No es que no se pueda reformar en verano. Es que hay que saberlo antes y presupuestar el tiempo en consecuencia. Si la empresa te da seis semanas para una reforma que empieza en junio, multiplica ese plazo por dos para tener una estimación realista y decide si puedes vivir sin cocina ese tiempo. También es útil pactar en el contrato que la empresa designa a un responsable de obra accesible durante agosto y que no puede tomar vacaciones durante la obra sin garantizar una sustitución. Es una cláusula que muchas empresas aceptan y que marca la diferencia entre una reforma que para y una que sigue.