En obras antiguas pasan cosas. Ya lo he contado antes con la bañera de la pared, pero aquello no fue el único hallazgo raro que he presenciado. En reformas de pisos anteriores a la guerra, o de la posguerra, es relativamente frecuente encontrar objetos escondidos en huecos de paredes o bajo el suelo: billetes de pesetas, fotografías, cartas, herramientas viejas. La gente escondía cosas en las casas porque no fiaba de los bancos, y luego se olvidaban o ya no podían recuperarlas. En un tabique de un piso de 1938 en el Cabanyal de Valencia encontramos monedas de la República española.
Lo que cayó cuando empezamos a tirar
No eran muchas: ocho monedas en total, de distintas denominaciones, de los años 30. Las teníamos entre los cascotes cuando el oficial que estaba manejando la maza las vio. Las recogimos, las limpiamos con un trapo y las pusimos en una cajita de plástico que había por allí. La propietaria del piso, que estaba presente, se emocionó un poco: era el piso que había sido de su abuela, y su abuela había vivido allí durante la guerra. Las monedas podían haber sido de ella.
Qué dice la ley sobre hallazgos en obras y qué hicimos
La ley española establece que los hallazgos casuales de bienes de valor histórico durante obras deben comunicarse a la administración. Las monedas de la Segunda República son patrimonio histórico. En la práctica, con ocho monedas de uso corriente del siglo XX en un piso privado, la situación legal es matizable. La propietaria consultó con un abogado y decidió quedárselas, dado su valor sentimental más que económico. Un numismático las tasó en unos 40 euros en total. No es un tesoro, pero sí una historia. Y en ese piso, que llevaba noventa años con esas paredes, la historia valía más que el dinero.