Una propietaria a la que gestiono el alquiler de un piso decidió reformar la cocina antes de sacarla al mercado. Tenía presupuesto razonable, buen gusto y mucha paciencia para elegir: tardó tres meses en decidir los muebles, la encimera, el fregadero y los electrodomésticos. Lo hizo todo por su cuenta, sin contratar a nadie que coordinara el proyecto. El día de la instalación, el equipo de montaje llegó a las nueve de la mañana con los módulos. A las nueve y cuarto ya había problema.
Cuatro centímetros que lo cambiaron todo
El hueco para la nevera medía 60 centímetros de ancho. La nevera que había comprado —americana, con dispensador de agua— medía 64. Nadie había comprobado que la nevera elegida cabía en el hueco proyectado. La empresa de muebles había diseñado la cocina con las medidas que les pasó la propietaria, que había medido el espacio total pero no había tenido en cuenta que la pared lateral no era perfectamente recta y ganaba 4 centímetros hacia dentro en la parte baja. El resultado: o cambiaba la nevera, o había que picar la pared para ganar espacio, o había que rediseñar ese módulo. La nevera costaba 1.200 euros y ya no la aceptaban en devolución porque llevaba más de 30 días desde la compra.
El coste real de no tener a nadie que coordine una reforma
Al final picaron la pared —280 euros más en albañilería— y la nevera cupo. La reforma se retrasó una semana. La propietaria pagó de más y tardó más en alquilar el piso. El error era evitable con una segunda visita de medición antes de confirmar el pedido, que es lo que hace cualquier empresa seria antes de fabricar los muebles. Cuando haces una reforma de cocina, exige que la empresa de muebles venga a medir ella misma antes de presupuestar en firme. Si te mandan un diseño basado en medidas que tú les has dado por teléfono, el error de medición es tuyo. Si vienen a medir, el error es suyo.