El interiorista que diseñó la cocina sin venir a medir
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El interiorista que diseñó la cocina sin venir a medir

Contraté un interiorista para diseñar la reforma de la cocina. Hizo el proyecto completo y encargó los muebles. Cuando llegaron, la isla central no cabía: el pasillo quedaba de cuarenta centímetros.

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Carmen Esteve

Administradora de fincas en Valencia. 15 años gestionando comunidades y contratando servicios. Cuenta lo que los vecinos no ven.

El interiorista con el que contacté tenía un estudio con portfolio bien presentado y precios razonables. En la primera reunión le di los planos de la vivienda —los que me había entregado el promotor al comprar— y él diseñó la cocina completa a partir de esos planos. El resultado era precioso: una cocina en L con una isla central que dividía el espacio de cocinar del de comer. Aprobé el proyecto y autorizó el pedido de los muebles.

Cuarenta centímetros de pasillo y una isla que no cabía

Cuando llegaron los muebles y empezaron a montarlos, la isla central —que en los planos tenía espacio suficiente a ambos lados— solo dejaba cuarenta centímetros entre ella y la pared del fondo. El paso mínimo recomendado en una cocina con isla es de noventa centímetros; con cuarenta no se puede abrir el horno sin golpear la isla. El problema era que los planos del promotor tenían un error de diez centímetros en las dimensiones de la cocina —la sala era diez centímetros más estrecha de lo que indicaban los planos—. El interiorista nunca había venido a verificar las medidas reales.

El proyecto que empezó sobre papel y terminó en la realidad

El interiorista reconoció que debería haber venido a medir antes de encargar. Rediseñó la cocina eliminando la isla y sustituyéndola por una barra adosada a la pared, que funcionaba igual pero ocupaba menos espacio. Los muebles de la isla tuvieron que devolverse —parte se pudo devolver, parte no—. El sobrecoste fue de unos 1.800 euros entre devoluciones parciales y el rediseño. Regla básica: ningún interiorista debería encargar muebles a medida sin haber verificado personalmente las medidas del espacio real, independientemente de los planos que existan. Los planos son un punto de partida, no una garantía.

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Sobre el autor

Carmen Esteve

Carmen lleva más de 15 años como administradora de fincas en Valencia y provincia. Gestiona decenas de comunidades, negocia contratos con empresas de limpieza, fontanería, jardinería y reformas, y media en los conflictos que surgen cuando algo sale mal. Ha visto presupuestos falsos, obras abandonadas y también profesionales extraordinarios que nadie valora. Escribe desde el lado del que paga, pero sabe exactamente cómo funciona el negocio por dentro.

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