Hay pocas cosas más incómodas que descubrir que tienes cucarachas. No es cuestión de limpieza —aunque la gente lo piense—, es cuestión de que el edificio tiene un problema que afecta a más de una vivienda y que, mientras no se trate el origen, no hay empresa de plagas que pueda solucionar nada de forma permanente. Lo aprendí a las malas.
Tres tratamientos, tres recaídas
La primera vez que las vimos fue en enero. Llamé a una empresa de control de plagas, vinieron, trataron el piso completo con gel y spray en puntos de paso. Me dijeron que en dos semanas desaparecerían. Desaparecieron. En marzo reaparecieron. Volví a llamar, mismo tratamiento, mismo resultado a corto plazo. En junio, tercera vez. En ese momento le pregunté al técnico, con cierta desesperación, por qué volvían. Su respuesta fue la primera explicación útil que me daba: “Señor, a no ser que su piso esté herméticamente sellado, si hay cucarachas en el edificio van a seguir entrando. El tratamiento en el piso solo elimina las que están dentro. El nido puede estar en el sótano, en los bajantes o en un piso que no ha tratado.”
Lo que hay que hacer cuando el problema es del edificio
Subí al presidente de la comunidad, que vivía en el primero, y le planteé la situación. Resultó que otros dos vecinos habían tenido el mismo problema ese año. El origen era el sótano: una zona de trasteros con humedad, restos de obra abandonados y acceso directo a los bajantes de toda la columna. Aprobamos un tratamiento integral del edificio en junta —320 euros entre doce vecinos— y desde entonces no ha habido ningún caso en ningún piso. Tres tratamientos individuales me habían costado 480 euros y no habían resuelto nada. La lección: cuando una plaga vuelve después de tratarla correctamente, el problema está fuera de tu piso. No sigas pagando tratamientos individuales; habla con los vecinos y trata el origen.