Voy a contarte algo que me da vergüenza reconocer, porque llevo veinte años en el sector de la construcción y cometí exactamente el error que le digo a todo el mundo que no cometa. El año pasado compré un piso de segunda mano en Valladolid, años 70, necesitaba reforma integral. Como no tenía contactos en la ciudad, busqué en Google, miré un par de reseñas y me quedé con el que respondió más rápido y más barato. Sin pedir referencias. Sin ver obras anteriores. Sin contrato escrito. Con un presupuesto de 28.000 euros escrito a mano en papel de libreta, sin plazos, sin penalizaciones, sin materiales especificados. Le di 8.400 euros por adelantado. Sí. Ya sé.
Cómo se esfuma un hombre con 8.400 euros
Las primeras dos semanas hubo movimiento, obreros, polvo. Señales de vida. La tercera empezó a fallar gente —“el oficial está malo”, “el material no ha llegado”— y la cuarta semana el silencio fue total. Llamé, respondió, me habló de un problema con el proveedor de los azulejos. Quedamos para el lunes. El lunes no apareció. Pasé tres semanas intentando localizarle. Respondió dos veces más; la última me dijo que se había puesto enfermo y que en cuanto se recuperara retomábamos. Después de eso, nada. Contraté a un abogado. Con el papel de libreta como único documento. El abogado me miró como se mira a alguien que acaba de hacer algo muy estúpido con mucho dinero.
Lo que aprendí después de perder varios miles de euros
Al final recuperé parte del dinero, después de meses de proceso y otros 1.200 euros en honorarios. La obra la terminé con otra empresa: otros 31.000 euros. En total gasté bastante más de lo que hubiera pagado haciendo las cosas bien desde el principio. Así que aquí van las reglas que nunca más voy a saltarme: presupuesto detallado con materiales y cantidades o no hay trato; contrato con plazos y penalizaciones por incumplimiento; nunca más del 20-30% por adelantado, el resto por hitos; referencias llamadas, no leídas; y si la obra se para sin explicación, burofax al segundo día de silencio. Fermín existe. No sé si sigue trabajando de reformista, pero probablemente sí. Hay muchos Fermines ahí fuera. La diferencia es que yo lo conté.