Una poda de árbol en zona comunitaria es un trabajo que tiene riesgos evidentes: una rama mal cortada puede caer en cualquier dirección y sobre cualquier cosa que haya debajo. Por ese motivo, antes de cualquier poda significativa, hay que balizar la zona, apartar vehículos si los hay en el área de caída, y si la altura del árbol lo requiere, cortar el acceso durante el trabajo. Esto lo sabe cualquier empresa de jardinería competente. Lo que pasó en una comunidad que gestiono es que la empresa de jardinería contratada no era especialmente competente.
La rama y el capó
El jardinero llegó un miércoles sin avisar a la comunidad del trabajo que iba a hacer ese día. Empezó a podar el pino de la entrada, que tenía unos siete metros de altura, sin retirar los coches aparcados bajo su copa ni colocar ningún tipo de señalización. A los veinte minutos, una rama de buen tamaño cayó directamente sobre el capó del coche del vecino del segundo. El vecino estaba en casa, escuchó el impacto y bajó a comprobarlo. El capó tenía una abolladura considerable y el parabrisas estaba fisurado.
El seguro, la franquicia y lo que nadie esperaba
El seguro de la comunidad cubrió los daños del coche —1.400 euros de reparación— pero aplicó la franquicia: 800 euros que pagó la comunidad de su bolsillo. La empresa de jardinería no tenía seguro de responsabilidad civil actualizado —el que presentaron había caducado dos meses antes—, por lo que no pudimos reclamarles directamente. Cambiamos de empresa. La nueva exige que cualquier trabajo de poda o tala en zona con vehículos se coordine con 48 horas de antelación para poder retirarlos. Es una pequeña molestia que evita accidentes que, cuando ocurren, nunca son tan simples de resolver como parecen.