Había tardado tres meses en decidir el parqué. Visité cuatro tiendas, pedí muestras, lo puse encima del suelo viejo para ver cómo quedaba con la luz de cada hora del día. Al final elegí uno de roble natural, 38 euros el metro cuadrado, instalado con esmero por un parquetista que tardó tres días. Dos semanas después, la empresa de mudanzas lo rayó en cuarenta minutos. Una raya larga, de la entrada al salón, perfectamente visible con cualquier luz.
Lo que dijo la empresa de mudanzas
El jefe de equipo vio la raya, la miró, y me dijo que “eso ya estaba”. Le señalé que el parqué tenía dos semanas. Me dijo que no podía saberlo. Le pedí el libro de reclamaciones. Me dijo que no llevaban eso encima, que tenía que llamar a la oficina. Llamé a la oficina. Me dijeron que tenían un seguro de responsabilidad civil que cubría daños durante la mudanza, pero que había que demostrarlo. Les mandé fotos, el albarán del parquetista con fecha, la factura del material. Tres semanas después me ofrecieron 80 euros “a buena voluntad” por una raya en un parqué que había costado, solo en esa zona dañada, cerca de 300 euros.
Lo que hay que hacer antes de que llegue el camión
Desde entonces lo hago diferente y se lo digo a cualquiera que me pregunte. Antes de que empiece la mudanza, hay que hacer un reportaje fotográfico de todos los suelos, paredes y marcos de puertas, con marca de tiempo activa en la cámara. Hay que pedir a la empresa copia de su póliza de seguro antes de contratar, no después. Y hay que pedir que pongan mantas protectoras en los suelos antes de mover nada — las buenas empresas lo hacen sin que se lo pidas, las malas hay que recordárselo. Si hay daños, hay que documentarlos en el momento, hacer firmar al jefe de equipo un parte de incidencias y no esperar a que llegues al destino para reclamar. La mudanza acabó bien, el resto del parqué llegó intacto. Pero la raya sigue ahí.