Cuando contraté la mudanza, les di la dirección. Me preguntaron si había ascensor —sí, uno pequeño—, si había aparcamiento cerca —más o menos—, y si el acceso era complicado. Dije que era una calle del casco antiguo, estrecha. Dijeron que no habría problema. El día de la mudanza llegaron con un camión de doce metros que no entraba en una calle de seis.
Tres horas de viajes con la furgoneta del equipo de apoyo
El camión se quedó en la avenida principal a trescientos metros. La empresa tenía una furgoneta más pequeña —la que usaban para ir a comprar material, básicamente— y con esa empezaron a hacer viajes: cargaban en la furgoneta, conducían hasta el camión, descargaban en el camión, volvían. Cuatro operarios, tres horas de viajes, una mudanza de cuatro habitaciones. Terminaron a las nueve de la noche habiendo empezado a las diez de la mañana. El presupuesto original era para ocho horas; facturaron once horas y media más el combustible adicional de la furgoneta.
Lo que hay que decir —y pedir— antes de contratar
Cuando contratas una mudanza en una zona de acceso complicado, no basta con decir “la calle es estrecha”. Hay que dar medidas: el ancho de la calle, si hay badenes o vados elevados, la altura de posibles marquesinas o cables, si hay restricciones de circulación por zona de tráfico limitado. Y pedir que la empresa confirme por escrito qué tamaño de camión van a mandar y que ese camión puede acceder a la dirección. Si no pueden garantizarlo, que incluyan en el presupuesto el coste de un vehículo alternativo en caso de que el principal no quepa. Una empresa seria que conoce bien el casco antiguo de tu ciudad debería saber de antemano que no pueden entrar con un camión grande y planificarlo con un vehículo adecuado desde el principio.