Organizar una mudanza entre ciudades es una operación logística con muchos puntos de fallo posibles. Yo pensé que si daba la dirección correcta, todo lo demás se gestionaría solo. Lo que no tuve en cuenta es que en Sevilla hay una calle Tartessos en el Polígono Norte y otra vía de nombre parecido en otro barrio completamente distinto, y que el conductor del camión, que no era de Sevilla, confundió las dos.
El camión perdido durante tres horas
Quedamos en que el camión llegaría entre las diez y las doce de la mañana. A las doce y media no había llegado. Llamé al número de la empresa. El coordinador intentó contactar con el conductor. El conductor no respondía el teléfono. A la una me llamó el coordinador para decirme que el camión había descargado en la dirección correcta de la calle, pero que era otra calle y que estaban en el lado opuesto de la ciudad esperando a alguien que no aparecía porque la dirección no existía. Tardamos cuarenta minutos en localizarlos, otros veinte en que llegaran a la dirección real.
Lo que aprendí sobre las mudanzas de larga distancia
Los operarios llegaron a las dos de la tarde en lugar de a las once. Tenían otro servicio a las cinco, lo cual añadió prisa a la descarga. Dos cajas llegaron con los contenidos mezclados —probablemente del apilamiento apresurado en el camión—. Nada roto, por suerte. Para mudanzas entre ciudades hay dos cosas que ayudan mucho: la primera, compartir con la empresa no solo la dirección sino también la ubicación en Google Maps o en cualquier mapa digital, y confirmar que el conductor la tiene descargada en su móvil antes de salir. La segunda, pedir el número directo del conductor —no solo el del coordinador— para poder localizarle si hay alguna incidencia en el camino.