En algunas comunidades que administro, la limpieza de cristales exteriores se contrata una o dos veces al año. Es un servicio que suele pasar desapercibido cuando va bien y genera conflicto cuando va mal. En este caso fue a mal. Después de la limpieza, tres vecinos me escribieron en el mismo día diciéndome que sus cristales tenían marcas que antes no estaban.
Marcas en diagonal visibles con el sol de tarde
Las marcas eran rayaduras finas, paralelas, en diagonal —claramente producidas por un objeto abrasivo moviéndose en una dirección—. Con luz frontal no se veían. Con el sol de tarde entrando lateral, eran perfectamente visibles y muy molestas. La empresa de limpieza, cuando los contacté, dijo que ellos no usaban nada abrasivo, que sus herramientas eran gomas de escobilla y agua. Lo cual puede ser cierto en condiciones normales, pero una goma de escobilla con suciedad o partículas incrustadas —arena, por ejemplo— funciona como papel de lija fino sobre el cristal.
La reclamación y el peritaje
Pedí a la empresa que respondiera por los daños. Dijeron que no podían demostrar que las marcas las hubieran hecho ellos y que el cristal podría haber llegado así de fábrica. Contraté a un técnico independiente para un informe pericial: el informe indicó que las marcas eran recientes —el vidrio no estaba oxidado en el borde de las rayaduras— y que el patrón era consistente con el uso de una escobilla con partículas abrasivas. Con ese informe, la empresa aceptó pagar la sustitución de los dos cristales más dañados. La lección para comunidades que contratan este servicio: antes de la limpieza, fotografía el estado de los cristales. Después de la limpieza, revísalos con luz rasante antes de dar el servicio por aceptado. Sin estado previo documentado, la reclamación es muy difícil de sostener.