La lavadora se avería siempre un viernes. No sé si es una ley del universo o una casualidad que le ha pasado a todo el mundo que conozco, pero la mía se averió un viernes a las once de la noche, en mitad de un programa, con la ropa dentro y el tambor lleno de agua. Tenía dos años, estaba en garantía, y pensé que eso facilitaría las cosas. No las facilitó.
Cinco días para que viniera el técnico
Llamé al servicio técnico oficial de la marca el sábado por la mañana. Me dieron cita para el miércoles —cinco días después—. Les expliqué que tenía ropa mojada dentro. Me dijeron que podía intentar abrirla manualmente con el procedimiento del manual —un hilo que tiras desde el zócalo—, que así vaciaría el agua y podría sacar la ropa. Lo hice, funcionó. Pero la lavadora seguía sin funcionar. El técnico llegó el miércoles, desmontó la lavadora, diagnosticó una bomba de desagüe defectuosa y dijo que tenía que pedir la pieza. Tiempo estimado: entre cinco y diez días laborables.
Tres semanas en total y lo que hubiera hecho diferente
La pieza llegó a los doce días laborables —más de dos semanas—. El técnico volvió, la instaló, la lavadora funcionó. Total de tiempo sin lavadora: veintitrés días. Con dos hijos de tres y cinco años. Estuvimos yendo a casa de mi madre a lavar. Lo que aprendí: cuando compras un electrodoméstico, especialmente si es de una marca poco común o muy especializada, pregunta cuál es el tiempo medio de reparación en garantía y si tienen piezas en stock en España. Los servicios técnicos oficiales de marcas con distribución limitada pueden tardar semanas en conseguir repuestos. A veces comprar una marca generalista con red técnica amplia es más inteligente que comprar la marca premium con el servicio técnico lento.