La fachada que la comunidad rechazó pintar durante once años
Historias

La fachada que la comunidad rechazó pintar durante once años

Once años, once juntas de vecinos y once veces el mismo resultado: no aprobado. Cuando por fin se pintó, el deterioro había llegado al hormigón. Lo que costó la inacción.

🏢

Carmen Esteve

Administradora de fincas en Valencia. 15 años gestionando comunidades y contratando servicios. Cuenta lo que los vecinos no ven.

Cuando llegué a esa comunidad, lo primero que me llamó la atención fue la fachada. Desconchada, con manchas de humedad que habían dejado regueros oscuros bajo las ventanas, con zonas donde el revoco había caído directamente dejando el hormigón a la vista. Le pregunté al presidente cuándo era la última vez que se había pintado. “Nunca desde que yo soy presidente”, dijo. Llevaba catorce años en el cargo.

Once veces que la junta dijo que no

Revisé las actas. Desde el año anterior a que yo tomara la gestión, el punto de pintura de fachada había aparecido en once juntas ordinarias consecutivas. En once ocasiones la propuesta había sido rechazada, siempre por el mismo motivo: el coste. La comunidad tenía veinte vecinos y el presupuesto más barato para pintura de fachada —sin contar los daños de reparación previos— era de 18.000 euros, lo que significaba 900 euros por vecino. Había un grupo de propietarios que votaba en contra sistemáticamente argumentando que era “demasiado caro” y que “todavía aguanta”. Aguantaba, técnicamente. Pero el agua llevaba años filtrando por las grietas del revoco y haciendo su trabajo en silencio.

El coste de esperar once años

Cuando por fin se aprobó la obra —por una mayoría ajustada tras presentar un informe técnico que alertaba de riesgo de desprendimientos— el presupuesto ya no era de 18.000 euros. Los daños en el hormigón requerían un saneamiento previo, reparación de armaduras oxidadas en dos zonas y un nuevo revoco antes de pintar. Total: 31.500 euros. Mil quinientos setenta y cinco por vecino. Los que votaron no durante once años para ahorrarse 900 euros acabaron pagando 675 euros más. Sin contar que durante esos años el edificio había estado perdiendo valor en el mercado y que uno de los pisos de la fachada norte tenía manchas de humedad en el dormitorio que el propietario había intentado solucionar con pintura antihumedad tres veces. La fachada es el abrigo del edificio. Cuando el abrigo tiene agujeros, el frío entra dentro.

🏢

Sobre el autor

Carmen Esteve

Carmen lleva más de 15 años como administradora de fincas en Valencia y provincia. Gestiona decenas de comunidades, negocia contratos con empresas de limpieza, fontanería, jardinería y reformas, y media en los conflictos que surgen cuando algo sale mal. Ha visto presupuestos falsos, obras abandonadas y también profesionales extraordinarios que nadie valora. Escribe desde el lado del que paga, pero sabe exactamente cómo funciona el negocio por dentro.

Datos de mercado relacionados

¿Quieres saber cuánto cuesta en tu ciudad?

Consulta precios reales de profesionales en más de 48 ciudades españolas.

Consultar precios →

Más historias

← Ver todos los artículos