Esto tiene algo de anécdota y algo de lección seria. La anécdota es que el vecino del cuarto A llegó a su casa y encontró su cocina oliendo a químicos sin saber por qué, y tardó veinte minutos en llamar a la empresa del edificio convencido de que había habido una fuga. La lección seria es que los tratamientos de control de plagas son productos químicos que requieren ventilación posterior y que tienen restricciones de uso en presencia de animales, niños o personas con patologías respiratorias. Aplicarlos en el piso equivocado no es solo un error logístico.
El técnico que interpretó “cuarto B” como “cuarto A”
La empresa recibió el encargo por teléfono. Les di el piso y el bloque. El técnico, al llegar al edificio, subió al cuarto, llamó al timbre del primero que encontró —el A— y como no había nadie, usó la llave maestra que le habíamos facilitado para acceder. Trató la cocina, el baño y el pasillo, dejó una nota en la puerta diciendo que el tratamiento estaba hecho y se fue. El vecino del cuarto A llegó a casa esa tarde, encontró el olor y la nota en la puerta y me llamó muy alterado. Yo seguía con mis cucarachas intactas.
Lo que hay que verificar antes de autorizar cualquier tratamiento
La empresa volvió al día siguiente al piso correcto, repitió el tratamiento sin coste adicional y se disculpó. El vecino del cuarto A no sufrió ningún daño —no había animales ni personas vulnerables en el piso—, pero podría haberlos habido. Lo que hay que hacer cuando autorizas un tratamiento de plagas en tu ausencia: deja instrucciones escritas muy claras con el número exacto del piso, y si es posible, presenta al técnico a algún vecino que pueda confirmarle que está en el sitio correcto antes de entrar. Una nota en la puerta con el piso y el nombre tampoco hace daño. Los errores de identificación de piso son más frecuentes de lo que parece.