Una de las cosas que más me cuesta explicarle a ciertas comunidades es la diferencia entre gasto y inversión. El mantenimiento preventivo se ve como un gasto porque no arregla nada visible — el ascensor sigue funcionando igual antes y después de la revisión. Pero cuando el ascensor se rompe porque nadie lo revisó, de repente sí que hay dinero para la derrama. Siempre lo hay cuando no queda otra.
Cinco años sin contrato de mantenimiento
Llevaba unos meses gestionando una comunidad de doce vecinos en un edificio de los años 80 cuando revisé los contratos activos. Había de todo: seguro del edificio, limpieza, portero automático. Contrato de mantenimiento del ascensor: ninguno. Le pregunté al presidente desde cuándo. “Desde siempre, o sea, desde que yo soy presidente, que van cinco años.” Cinco años con un ascensor de los 80 sin que nadie lo tocara. Pedí presupuesto a una empresa de mantenimiento: 62 euros al mes, revisiones trimestrales incluidas. Lo llevé a junta. La comunidad votó que no, que era un gasto innecesario. Tres meses después, el ascensor se paró entre el segundo y el tercer piso con una vecina de 78 años dentro.
La reparación que nadie quería pagar
El técnico de emergencias tardó cuarenta minutos en llegar y liberar a la señora, que estaba bien pero con un susto importante. El diagnóstico después: desgaste severo en el sistema de frenos y el cuadro de maniobras obsoleto, sin piezas de repuesto disponibles. Había que modernizar el ascensor entero. Presupuesto: 14.800 euros. Derrama por vecino: 1.233 euros. Exactamente lo que no querían pagar durante cinco años hubiera costado 3.720 euros en total — 310 euros por vecino. La diferencia entre una decisión tomada a tiempo y una tomada cuando ya no hay opciones fue de más de 900 euros por propietario. En la junta donde aprobamos la derrama no hubo debate. Solo silencio.