Una cerradura nueva que empieza a dar problemas al día siguiente de instalarla es, en principio, culpa de la instalación. Puede ser que la cerradura esté mal alineada con el cerco, que el cilindro no esté bien centrado o que la holgura entre la puerta y el marco no sea la correcta. Un cerrajero que instala bien una cerradura debería verificar que la llave entra y sale con suavidad desde todos los ángulos antes de irse. El que me instaló la mía, no.
De “funciona perfectamente” a “necesito dos manos”
El cerrajero instaló la cerradura en cuarenta minutos. La probó, funcionó bien, me dio las tres llaves y se fue. Esa noche, al llegar a casa, noté que la llave entraba con algo más de resistencia de lo normal pero no le di importancia —“está nueva”, pensé—. Al día siguiente la resistencia había aumentado. A la semana, para abrir necesitaba sostener el pomo con una mano y girar la llave con la otra con cierta fuerza. Llamé al cerrajero. Me dijo que era “normal el primer mes, que la cerradura se tiene que asentar”. Es una explicación que suena razonable y que es completamente falsa.
Qué había pasado y cómo se arregló
Vino otro cerrajero a revisarlo. El problema era que la cerradura estaba instalada con el cilindro ligeramente descentrado respecto al hueco de la puerta, lo que hacía que al cerrar la puerta la carcasa de la cerradura rozara con el cerco metálico y forzara el mecanismo. Ajustar la posición de la cerradura tardó veinte minutos. Desde ese día, la llave entra y sale sin ningún esfuerzo. Cuando instalen una cerradura nueva, antes de pagar y de que se vaya el cerrajero: abre y cierra la puerta diez veces con la llave, desde dentro y desde fuera, en la posición normal de uso. Si hay la más mínima resistencia, que lo ajuste antes de irse.