El monóxido de carbono no tiene color, no tiene olor y no tiene sabor. Es el motivo por el que mata a decenas de personas cada año en España sin que muchas de ellas sepan en ningún momento que hay un problema. Las calderas de gas mal ajustadas o con la evacuación de gases obstruida pueden producirlo, y los síntomas de intoxicación leve —dolor de cabeza, mareo, sensación de cansancio— son fáciles de confundir con otras cosas. Esta historia me la contó un instalador de calderas que conozco desde hace años.
Dos inviernos con dolores de cabeza inexplicables
La familia: matrimonio con dos hijos, piso en el cuarto, caldera de gas de hace doce años. Los inviernos anteriores habían notado que por las mañanas, especialmente los días que más frío hacía —cuando la caldera trabajaba más—, tenían dolor de cabeza. Lo habían achacado a levantarse temprano, al estrés, al ambiente seco. El médico los había revisado y no había encontrado nada. La caldera tenía su revisión anual obligatoria al día y en el papel aparecía como “en correcto estado”. Lo que nadie había comprobado era la evacuación de gases: el tubo de salida al exterior tenía una pequeña obstrucción —nidos de pájaros en el remate exterior— que hacía que los gases de combustión se recircularan parcialmente al interior.
Lo que encontró el técnico y lo que hay que hacer
El técnico que finalmente lo detectó no era el habitual. Vino porque la caldera empezó a dar un código de error nuevo. Revisó la combustión con un analizador de gases, vio los valores fuera de rango, subió a la azotea, encontró la obstrucción y la limpió. Los dolores de cabeza desaparecieron ese mismo invierno. Instalar un detector de monóxido de carbono cuesta entre 20 y 60 euros y puede salvar vidas. Si tienes caldera de gas, pon uno cerca de la caldera y otro en los dormitorios. Y cuando revisen la caldera, pide que comprueben también el estado del conducto de evacuación hasta el exterior, no solo el aparato en sí.