Las terrazas en un edificio son un elemento privativo —el vecino las usa en exclusiva— pero la fachada que las delimita es un elemento común. Cualquier modificación que afecte a la fachada requiere autorización de la comunidad y, en la mayoría de los casos, licencia de obra del ayuntamiento. Esto no lo sabe todo el mundo, o algunos lo saben y confían en que nadie se va a dar cuenta. El vecino del ático de una comunidad que gestiono optó por lo segundo.
El cerramiento que apareció un lunes por la mañana
Un viernes el ático tenía terraza abierta. El lunes siguiente tenía un cerramiento de aluminio y cristal de suelo a techo, instalado durante el fin de semana. La presidenta de la comunidad me llamó ese lunes por la mañana nada más verlo desde la calle. Contacté con el vecino para pedirle los permisos. Me dijo que había consultado con un arquitecto y que “en terrazas privadas no hacía falta nada”. El arquitecto, si existía, le había informado mal. Le expliqué por escrito que necesitaba autorización de la comunidad —mayoría de tres quintas partes para modificaciones de fachada— y licencia municipal, y que sin esos documentos estaría en situación irregular.
Las consecuencias de modificar la fachada sin permiso
El vecino no lo regularizó. Tres meses después, el ayuntamiento recibió una denuncia —nunca supe de quién— e inspeccionó el edificio. La sanción fue doble: una multa al vecino por obra sin licencia y un requerimiento a la comunidad para que acreditara que no había autorizado la modificación. Tuvimos que presentar el acta de la junta donde constaba que no se había aprobado ningún cerramiento de terraza. El vecino pagó la multa y tuvo que retirar el cerramiento —coste del desmontaje: 800 euros— o tramitar a posteriori la licencia, que en su caso el ayuntamiento denegó por no ajustarse al plan de ordenación urbana. Si un vecino hace obras que afectan a elementos comunes sin pedirte permiso, notifícalo por escrito de inmediato y deja constancia en acta. La inacción puede interpretarse como autorización tácita.