El terrazo es un suelo que con el tiempo pierde el brillo y acumula rayaduras superficiales. Se puede recuperar puliéndolo —un proceso de lijado progresivo con discos abrasivos de granulación decreciente— y aplicando posteriormente un cristalizador o un sellador. Cuando está bien hecho, el resultado puede dejar el suelo casi como nuevo. Cuando está mal hecho, el resultado son rayaduras en diagonal perfectamente visibles con cualquier luz rasante.
Las rayaduras que no estaban antes
El operario llegó con su máquina pulidora, trabajó durante medio día y al terminar el suelo tenía un brillo que de lejos parecía mejor. Cuando entré con la luz de la tarde —que entra lateral y pone de relieve cualquier irregularidad de la superficie— vi claramente un patrón de rayaduras en diagonal que recorría la mitad del salón. No eran rayaduras aleatorias: eran paralelas, con la misma orientación, claramente marcadas por el disco abrasivo de la máquina moviéndose siempre en la misma dirección.
Qué hace diferente a un buen pulidor de suelos
Un pulido de terrazo correcto se hace en varias pasadas con discos de granulación progresivamente más fina —de grano grueso a grano fino—, cambiando la dirección de la máquina en cada pasada para eliminar las marcas de la pasada anterior. Si solo se dan una o dos pasadas en la misma dirección, quedan exactamente esas rayaduras que vi yo. El operario volvió, dio dos pasadas más con grano fino y la situación mejoró. No desapareció del todo —algunas rayaduras más profundas persistieron— pero quedó aceptable. Cuando pides presupuesto para pulir un suelo, pregunta cuántas pasadas hacen y con qué granulaciones. Si la respuesta es vaga, busca a otro.