El suelo radiante es uno de esos sistemas de calefacción que cuando funcionan bien son casi mágicos: el calor viene del suelo, es uniforme, no reseca el ambiente y no se nota el aparato. El problema es que cuando no está bien instalado los fallos son difíciles de detectar a simple vista porque el sistema está enterrado bajo el pavimento. Y el instalador que no quiere reconocer un error tiene mucho margen de maniobra cuando el problema está debajo del suelo.
Un salón con temperatura partido en dos
El primer invierno después de la reforma, mi cuñada notó que la alfombra que habían puesto en la mitad izquierda del salón estaba fría cuando la pisaba descalza, mientras que sin alfombra en la mitad derecha el suelo transmitía calor claramente. Llamó al instalador. El instalador dijo que la alfombra aislaba el calor —lo cual es cierto— y que quitara la alfombra. La quitó. La diferencia seguía siendo clara: la mitad derecha calentaba, la izquierda apenas. El instalador volvió, midió la temperatura superficial con un termómetro láser y confirmó la diferencia —4 grados entre un lado y otro— pero dijo que era “dentro de los márgenes normales de variación”.
Lo que había pasado realmente
Contrataron a otro técnico independiente que revisó el sistema. El diagnóstico fue que en el circuito de la zona izquierda había aire atrapado —una bolsa de aire en la tubería que impedía la circulación correcta del agua caliente—. El purgado del circuito —un procedimiento de mantenimiento que lleva veinte minutos— resolvió el problema completamente. El instalador lo sabía o lo hubiera sabido con una revisión básica. Prefirió argumentar que era normal durante seis meses. Si tienes suelo radiante y hay diferencias de temperatura entre zonas, el primer paso es purgar el sistema de aire. Es la causa más frecuente y la solución más sencilla.