Cuando tomo el relevo de una comunidad que llevaba tiempo con otro administrador, lo primero que hago antes de cualquier otra cosa es revisar los gastos fijos: qué contratos hay, qué se paga y por qué. En la mayoría de los casos encuentro alguna sorpresa —un servicio que ya no se usa, un proveedor que lleva años sin prestar el servicio que factura—. Pero en esta comunidad la sorpresa fue de un calibre que no había visto antes.
Dos seguros activos para el mismo edificio
La comunidad tenía dos contratos de seguro de hogar para edificios: uno con una compañía aseguradora grande, contratado en 2009, y otro con una compañía diferente, contratado en 2017. Los dos cubrían el edificio. Los dos se renovaban automáticamente cada año. Los dos se cargaban en la cuenta de la comunidad. Nadie lo había notado porque los recibos llegaban en meses distintos y el administrador anterior —que llevaba muchos años gestionando la comunidad— nunca había auditado los gastos fijos de manera sistemática.
Ocho años de doble pago y cómo se recuperó parte
Cuando sumas los dos seguros durante ocho años, la cifra es considerable. Contacté con la aseguradora del segundo contrato —el que se había contratado en 2017, probablemente por algún incidente que hizo que alguien buscara otro seguro sin cancelar el primero—. Les expliqué la situación y pedimos la baja con devolución de la prima del año en curso, que nos concedieron sin problema. Los años anteriores, no: el contrato había estado activo y ellos habían prestado el servicio —aunque nunca se hubiera usado—. Recuperamos la prima de ese año, que fueron 680 euros. Los siete años anteriores fueron dinero perdido. La lección: auditar los gastos fijos de una comunidad al menos una vez cada dos años. Los contratos de renovación automática son cómodos pero invisibles, y lo invisible se acumula.