El riego automático es una de esas cosas que cuando funciona bien no existe, y cuando falla lo hace de maneras que nadie anticipa. La comunidad había instalado el sistema tres años antes: aspersores, programador, electroválvulas, todo correcto. El primer año sin incidencias. El segundo año, tampoco. El tercer año, en junio, una vecina me llamó para decirme que llevaba semanas con la acera mojada delante del portal y que no entendía de dónde venía el agua porque no había llovido.
Tres semanas regando la acera pública
Fui a verlo. Un aspersor del parterre más cercano a la calle había girado ligeramente de su posición original —probablemente por el impacto de un balón o por la presión del agua— y apuntaba directamente a la acera en lugar de al jardín. Cada madrugada, cuando el programador activaba el riego, ese aspersor lanzaba agua a la calle durante veinte minutos. La acera estaba permanentemente húmeda, había musgo empezando a crecer entre las baldosas y un peatón había resbalado una semana antes, aunque por suerte sin consecuencias graves. Corregir la orientación del aspersor tardó dos minutos.
Lo que hay que revisar en un sistema de riego cada temporada
El problema no era el sistema: era que nadie lo había revisado desde la instalación. Un sistema de riego automático necesita una revisión al inicio de cada temporada —antes de que empiece el calor— para comprobar que todos los aspersores apuntan donde deben, que las electroválvulas abren y cierran correctamente y que el programador tiene el horario actualizado. Esta revisión la puede hacer el propio jardinero de la comunidad y no dura más de una hora. Si tu comunidad tiene riego automático y nadie lo ha revisado desde que se instaló, hazlo antes del verano. El agua en la acera es resbaladiza y la responsabilidad civil de la comunidad puede verse comprometida si alguien cae.