Hay comunidades que cambian de empresa de jardinería cada vez que encuentran alguien 30 euros más barato. Lo entiendo: el presupuesto de una comunidad es limitado y cada euro cuenta. Lo que no siempre se calcula es el coste de reponer lo que destruye alguien que no sabe lo que hace. Una comunidad en la que trabajo aprendió eso de la manera más visible posible.
Seis meses con el jardinero equivocado
La anterior empresa de jardinería cobraba 280 euros al mes. Alguien trajo el presupuesto de otra por 190 euros y en junta se votó el cambio. No se pidieron referencias, no se visitó ninguna obra anterior, no se preguntó qué incluía el servicio exactamente. Noventa euros menos al mes, aprobado por mayoría. Los primeros dos meses parecía que todo iba bien. El tercero, el riego automático empezó a fallar y nadie lo arregló. El cuarto, dos de los setos estaban claramente secos. El quinto, uno de los cuatro árboles del jardín tenía las hojas amarillas y caídas fuera de temporada. El sexto, el árbol estaba muerto.
El coste real del cambio
Cuando revisé la situación pedí valoración a un arboricultor: el árbol muerto era un olivo de más de 15 años de antigüedad que la comunidad había plantado al construir el jardín. Reponerlo con un ejemplar de tamaño similar costaría entre 800 y 1.200 euros solo en el árbol, más la plantación. Los dos setos secos necesitaban reposición parcial: otros 300 euros. El sistema de riego tenía una avería simple que cualquier jardinero competente habría detectado y comunicado: 80 euros de reparación. En total, el ahorro de 90 euros al mes durante seis meses —540 euros— había generado daños de más de 1.500 euros. Volvimos a contratar a la empresa anterior. Ahora piden referencias antes de cambiar a nadie.