El instalador solar que dejó la cubierta abierta un fin de semana
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El instalador solar que dejó la cubierta abierta un fin de semana

Instalaron los paneles solares el viernes. Para pasar los cables, abrieron un paso en la cubierta y lo dejaron sin sellar hasta el lunes. El sábado llovió. El falso techo del último piso quedó empapado.

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Carmen Esteve

Administradora de fincas en Valencia. 15 años gestionando comunidades y contratando servicios. Cuenta lo que los vecinos no ven.

La instalación de placas fotovoltaicas en el edificio era un proyecto que habíamos tardado meses en aprobar en junta y en contratar. Cuando por fin llegó el día de la instalación, los operarios trabajaron el jueves y el viernes. El viernes a las seis de la tarde me avisaron de que habían terminado los paneles y el cableado, pero que el paso de cables a través de la cubierta no estaba sellado todavía porque necesitaban un material específico que traerían el lunes.

Lo que pasó el sábado

Pregunté explícitamente si había riesgo de entrada de agua. Me dijeron que habían puesto “una tapa provisional”. El sábado por la tarde entró una tormenta. El domingo por la mañana recibí tres mensajes de vecinos del último piso: el falso techo de dos de ellos tenía manchas de humedad y en uno había empezado a gotear. El agua había entrado por el paso de cables sin sellar, bajado por el interior de la estructura y llegado al falso techo de escayola. El daño no era catastrófico pero sí significativo: varias planchas de escayola empapadas y algunas zonas con pintura dañada.

El sellado provisional que no lo era

Cuando la empresa vino el lunes y vio los daños, reconocieron que la “tapa provisional” era básicamente un trozo de plástico sujeto con cinta adhesiva que no había aguantado la presión de la lluvia. Asumieron los costes de reparación de los falsos techos dañados —unos 1.600 euros entre los dos pisos— y sellaron correctamente el paso de cables. Cuando se contrata una instalación que implica abrir la cubierta, hay que exigir por escrito que cualquier apertura quede sellada de forma estanca al final de cada jornada, especialmente si el trabajo se interrumpe un fin de semana. Si no pueden garantizarlo, el trabajo no debería empezar hasta que puedan terminarlo de forma continua.

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Sobre el autor

Carmen Esteve

Carmen lleva más de 15 años como administradora de fincas en Valencia y provincia. Gestiona decenas de comunidades, negocia contratos con empresas de limpieza, fontanería, jardinería y reformas, y media en los conflictos que surgen cuando algo sale mal. Ha visto presupuestos falsos, obras abandonadas y también profesionales extraordinarios que nadie valora. Escribe desde el lado del que paga, pero sabe exactamente cómo funciona el negocio por dentro.

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