Compré un horno nuevo, gama media-alta, de una marca reconocida. Las primeras semanas pensé que era cosa de adaptarme a la nueva máquina. Pero con el tiempo quedó claro que el patrón era constante: cualquier cosa que cocinara quedaba perfecta en la parte superior y cruda o poco hecha en la inferior. Un bizcocho subiría dorado por encima y húmedo por dentro. Una pizza, la base sin cuajar y el queso tostado.
El técnico que dijo que era normal
Llamé al servicio técnico dentro del período de garantía. Vino un técnico, hizo una prueba de temperatura y dijo que el horno “funcionaba dentro de los parámetros”. Le pregunté si era normal que la parte superior estuviera 40 grados más caliente que la inferior. Me dijo que los hornos convencionales sin ventilador tenían esa distribución y que había que adaptar las recetas. Le señalé que el horno tenía modo ventilado y que con ventilador el problema persistía. Dijo que lo consultaría con el fabricante y que me llamarían. No llamaron.
El resistor inferior que no calentaba
Tres meses después, insistí con una segunda llamada al servicio técnico. Esta vez vino otro técnico, midió las temperaturas con su propio equipo en varias posiciones del horno y llegó a la misma conclusión que yo: la diferencia de temperatura entre la parte superior e inferior era de 35-45 grados, muy por encima de lo normal. Desmontó el panel inferior y encontró que el resistor calefactor de la parte baja tenía un defecto: calentaba solo en una sección de su longitud. Era un defecto de fabricación. Sustituyeron el horno completo bajo garantía, sin coste. La lección: si algo no funciona bien desde el primer mes y el primer técnico dice que “es normal”, no aceptes esa respuesta. Insiste, documenta las pruebas con fotos y vídeos, y si es necesario pide un segundo técnico.