La fuga estaba en la tubería general del edificio, en el sótano. Para repararla había que cerrar el paso principal de agua de todo el bloque. El fontanero cerró el paso, bajó al sótano, estuvo quince minutos trabajando y luego subió a la calle. Dijo que necesitaba ir a buscar una pieza y que volvía en veinte minutos. Eran las dos y cuarto del mediodía.
Dos horas sin agua y sin noticias
A las tres y cuarto ningún vecino tenía agua y el fontanero no había vuelto. Llamé al número que me había dado: no contestaba. Llamé a la empresa: me dijeron que el técnico estaba “en ruta” y que volvería pronto. A las cuatro y media, el fontanero regresó. Sin la pieza que había ido a buscar —dijo que habían tenido que pedirla porque no estaba en el almacén—, explicó que había aprovechado para comer y que la pieza llegaría al día siguiente. Propuso cerrar la reparación provisional para dejar pasar el agua con un parche y volver mañana para terminar. Mientras tanto, en el primer piso vivía una señora de ochenta y dos años que había estado dos horas sin agua y sin poder salir porque la fuga estaba en la escalera y tenía movilidad reducida.
Lo que hay que exigir antes de cerrar el paso general
Cuando una reparación requiere cortar el agua de todo el edificio, hay que pactar de antemano: el tiempo máximo que estará cortada, el nombre y teléfono directo del técnico que trabaja, y qué pasa si necesita materiales que no tiene. Un fontanero que corta el agua de un edificio de diez pisos y se va a comer sin dejar comunicación es un profesional que no entiende lo que está gestionando. Exige siempre el móvil del técnico en persona, no el de la empresa, antes de que cierre cualquier paso general.