Compré una nevera de gama alta online. La entrega la hacía una empresa de logística contratada por la tienda. Cuando llegaron con la nevera —embalada en cartón y palets—, el embalaje exterior estaba perfectamente intacto, sin golpes visibles. Los transportistas la dejaron en la cocina, me dieron el albarán para firmar y esperaron. En ese momento yo no había desmontado el embalaje todavía.
La anotación en el albarán que nadie quería que hiciera
Le dije al transportista que quería desembalar la nevera antes de firmar. Me dijo que no era necesario, que si había algún problema podría reclamarlo después. Insistí: “Voy a anotar en el albarán que la firma es pendiente de inspección visual del producto.” El transportista puso mala cara, dijo que estaba bien y esperó. Desembalé la nevera: tenía un golpe lateral de unos quince centímetros de longitud, con el chapa hundida, claramente de impacto. La anoté en el albarán antes de firmar: “Recibido con golpe lateral en panel derecho, pendiente de reclamación.”
La diferencia entre firmar y no anotar
Cuando llamé a la tienda para reclamar, lo primero que preguntaron fue si había firmado el albarán con incidencias. Les envié el albarán con la anotación. La tienda me ofreció dos opciones: recoger la nevera y enviar una nueva, o aplicar un descuento del 15% si me quedaba con ella tal como estaba. Elegí la sustitución. El proceso tardó diez días pero salió sin coste. Si hubiera firmado el albarán sin anotar nada, la tienda habría argumentado que el daño podría haberlo causado yo durante la instalación, y la reclamación habría sido mucho más difícil. Nunca firmes el albarán de un electrodoméstico grande sin inspeccionar el producto primero, o sin anotar “pendiente de inspección visual” si no puedes desembalar en ese momento.