La lavadora nueva me la instaló el servicio de entrega del electrodoméstico —uno de esos servicios que incluyen la instalación básica—. Lo conectaron, comprobaron que arrancaba, me hicieron firmar el albarán y se fueron. Al mes, empecé a notar que cuando tocaba la carcasa metálica de la lavadora mientras estaba en marcha, sentía un pequeño hormigueo en los dedos. No era una descarga fuerte —nada que me hiciera retirar la mano de golpe—, pero era constante y evidente.
El hormigueo que no debería estar
Un electricista amigo vino a verlo. Con su tester comprobó la continuidad de la toma de tierra del enchufe de la lavadora: no había. El enchufe al que estaba conectada la lavadora era un enchufe antiguo de dos clavijas, sin la tercera clavija de tierra. La lavadora tenía conexión de tierra en su enchufe —clavija de tres puntas—, pero estaba conectada mediante un adaptador de tres a dos. La corriente de fuga que normalmente se derivaría a tierra a través de la instalación se acumulaba en la carcasa metálica y de ahí al cuerpo de quien la tocara.
Lo que el instalador sabía y no dijo
El instalador que había conectado la lavadora había usado el adaptador porque el enchufe disponible era el antiguo. Sabía que estaba conectando una lavadora sin toma de tierra. No lo mencionó, no lo advirtió, no lo incluyó en ningún documento. El electricista instaló un enchufe nuevo con toma de tierra, derivada desde el cuadro. Coste: 85 euros y dos horas de trabajo. El hormigueo desapareció. Cuando instalen un electrodoméstico grande —lavadora, lavavajillas, secadora—, verifica que el enchufe al que lo conectan tiene las tres clavijas y que hay continuidad de tierra. Si el instalador usa un adaptador, es una señal de alerta que hay que resolver antes de firmar el albarán.