Conozco a un electricista que lleva veinte años en el oficio y que tiene una frase que repite mucho: “El trabajo mal hecho siempre vuelve.” Lo dice como advertencia para los aprendices. Lo que no dice es que hay profesionales que lo hacen aposta, porque el trabajo que vuelve es trabajo facturado dos veces.
El cortocircuito que no se fue
Un vecino mío tuvo un problema en el cuadro eléctrico. Saltaba el diferencial cada vez que enchufaba algo en la cocina. Llamó a un electricista que encontró en un portal de servicios, el tipo vino, estuvo cuarenta minutos, cambió un fusible, cobró 90 euros y se marchó. Tres días después el diferencial volvía a saltar. Llamó de nuevo. El electricista dijo que ahora era “otro problema distinto” y presentó un presupuesto de 180 euros para revisar el circuito de la cocina completo. Mi vecino, harto, me llamó a mí.
Lo que encontré cuando abrí el cuadro
Fui a echar un vistazo. El fusible nuevo estaba bien puesto, pero el problema original —un hilo pelado en la toma de la encimera— seguía ahí intacto. El electricista lo había visto, había cambiado el fusible que era lo más rápido y barato de hacer, y había dejado la causa real sin tocar. Intencionado o no, el resultado es el mismo: cobró por no arreglar el problema. Le dije a mi vecino que llamara a otro, que explicara exactamente lo que había pasado y que pidiera que le revisaran la toma de la encimera específicamente. El segundo electricista lo encontró en diez minutos, lo arregló en veinte y cobró 60 euros. Cuando contrates a alguien por una avería, pídele que te explique qué causó el problema antes de que se vaya. Si no sabe explicarlo con claridad, o si la explicación no te cuadra, no pagues hasta que lo entiendas.