Me ha pasado una vez en la vida y espero que no me vuelva a pasar. Eran las once de la noche, vivía solo en ese piso, las llaves estaban dentro y yo estaba fuera. El portero automático no funciona desde hace años —cosa mía, que nunca lo arreglé— y los vecinos que tengo guardadas las llaves de repuesto estaban de vacaciones. Busqué “cerrajero urgencias” en el móvil, llamé al primero que salió con el texto “24 horas, llegamos en 20 minutos”.
Cuatro minutos de trabajo, 580 euros de factura
El hombre llegó en dieciocho minutos, lo cual está bien. Miró la cerradura, sacó dos herramientas, y en cuatro minutos exactos la puerta estaba abierta. Entonces sacó la tablet con la factura. El desglose: desplazamiento nocturno 120 euros, apertura de puerta blindada 280 euros, recargo por urgencia fuera de horario 180 euros. Total: 580 euros más IVA. Le dije que me parecía una barbaridad. Me respondió que el precio estaba en la web y que yo había aceptado llamando. Técnicamente tenía razón. Prácticamente me había cobrado 145 euros por minuto de trabajo.
Cómo evitar que te pase esto
Hay dos cosas que aprendí esa noche. La primera: tener siempre las llaves de repuesto en casa de alguien de confianza fuera del edificio. Suena obvio pero mucha gente no lo hace. La segunda: los cerrajeros de urgencias que salen en las primeras posiciones de Google son los que más invierten en publicidad, no los más baratos ni los más honestos. Antes de llamar hay que preguntar el precio total del servicio —desplazamiento más apertura más recargos nocturnos— y pedirlo confirmado por escrito antes de que vengan. Si no te lo dan, llama a otro. Ahora tengo las llaves donde deben estar. Y cambié la cerradura por una que abre también desde dentro si alguna vez vuelvo a cerrarme.