El armario empotrado era para el dormitorio principal. Lo encargué a medida con puertas correderas de espejo —para ganar sensación de espacio— y me hicieron un plano con las dimensiones y la distribución interior. Firmé el plano y pagué el cincuenta por ciento. Cuando lo montaron, tardé unos segundos en darme cuenta de lo que estaba mal: el armario estaba montado al espejo de lo acordado.
Las puertas que abrían hacia la cama
En el plano, el módulo más estrecho —con los cajones— estaba a la izquierda, y las puertas correderas se desplazaban hacia la izquierda para acceder a la parte derecha donde estaban las barras de colgar. En mi habitación, la cama está a la izquierda del armario. Al montarlo al revés, para abrir la parte de los cajones —que ahora estaba a la derecha— había que desplazar la puerta hacia la derecha, que es donde hay espacio libre. Perfecto. Pero para acceder a la parte de la ropa —que estaba a la izquierda— la puerta tenía que desplazarse hacia la cama, y entre la puerta abierta y el colchón cabían exactamente veinte centímetros.
El desmontaje, el remontaje y quién pagó qué
El carpintero vino a verlo, reconoció el error y ofreció desmontar y remontar el armario con la orientación correcta. El problema era que las piezas de tablero estaban ya taladradas y mecanizadas para esa configuración: desmontarlo y remontarlo al revés implicaba volver a hacer algunas piezas desde cero. Tardaron tres semanas más y el coste adicional fue asumido por ellos, como correspondía. Pero tres semanas sin armario en el dormitorio principal. Lo que hay que hacer al firmar el plano de un armario a medida: verificar explícitamente en qué dirección se desplazan las puertas correderas y qué queda a la izquierda y qué a la derecha, en relación con los muebles existentes de la habitación.