El árbol que nadie plantó donde debía y levantó el pavimento durante veinte años
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El árbol que nadie plantó donde debía y levantó el pavimento durante veinte años

El ficus de la acera llevaba décadas levantando la acera, el bordillo y parte del parking comunitario. El Ayuntamiento decía que era de la comunidad. La comunidad decía que era del Ayuntamiento. Nadie lo talaba.

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Carmen Esteve

Administradora de fincas en Valencia. 15 años gestionando comunidades y contratando servicios. Cuenta lo que los vecinos no ven.

El ficus llevaba en la acera desde antes de que nadie de los actuales propietarios comprara su piso. Sus raíces habían levantado progresivamente la acera, el bordillo de la calle, parte del asfalto y, lo más problemático, la solera del parking comunitario: había una grieta de unos dos centímetros de ancho que recorría diez metros del suelo del aparcamiento. Los vecinos llevaban años quejándose. El problema era saber de quién era el árbol.

El árbol sin dueño claro

El árbol estaba en la acera, que es suelo público. Pero la acera en ese tramo era parte de una urbanización privada —las aceras interiores de la urbanización eran de la comunidad, no del Ayuntamiento—. El Ayuntamiento decía que el árbol estaba en zona privada y que la responsabilidad era de la comunidad. La comunidad argumentaba que el árbol había sido plantado por el promotor original, que había cedido las aceras al Ayuntamiento aunque el trámite no se había completado formalmente. Tres años de cartas, dos reuniones con técnicos municipales y ningún acuerdo.

La solución que nadie había propuesto

Un abogado especializado en derecho de comunidades que consultamos llegó a una conclusión práctica: independientemente de quién tuviera razón en la disputa de titularidad, la comunidad tenía una responsabilidad de mantenimiento sobre las zonas comunes y el árbol estaba causando daños demostrables. Si esperábamos a que el conflicto de titularidad se resolviera, los daños seguirían creciendo y la responsabilidad de la comunidad también. Su consejo: talar el árbol, documentar todo el proceso y luego reclamar el coste al Ayuntamiento si la titularidad finalmente se determinaba como pública. Costó 3.800 euros talar el ficus y reparar el pavimento del parking. El Ayuntamiento no devolvió nada. Pero la grieta se dejó de abrir.

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Sobre el autor

Carmen Esteve

Carmen lleva más de 15 años como administradora de fincas en Valencia y provincia. Gestiona decenas de comunidades, negocia contratos con empresas de limpieza, fontanería, jardinería y reformas, y media en los conflictos que surgen cuando algo sale mal. Ha visto presupuestos falsos, obras abandonadas y también profesionales extraordinarios que nadie valora. Escribe desde el lado del que paga, pero sabe exactamente cómo funciona el negocio por dentro.

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